Nació Artista

Victor Humareda Gallegos Alumno del cuarto año de pintura:

La tarde era gris, la cabaña estaba triste y en ella habitaban seres precarios con ojos llenos de melancolía Las sonrisas dibujadas en las caritas infantiles nos dicen bastante de toda la bondad y dulzura que la humanidad alcanza en su gloria infinita

El sarcasmo que el mundo acostumbra dar en sus vueltas y vueltas, juntando siempre a esos felices con los ogros protervos y rapaces, tal es el tema de nuestro relato.

Entre ellos, pues, había un niño que en el ansia precoz de una singular vocación por el arte, llenaba de dibujos las fojas de su cuadernillo, hurtando los momentos que no le darían nunca para hacer tonterías; que así juzgaban aquellos incompresivos que por padres tenía.

De este modo, transcurrieron sus primeros años y en la adolecencia ya, había de romper el letargo, la monotonía pesada de ese estrecho y miserable ambiente ¿Sería la ciudad el ansia nueva de su joven corazón? !Si! Allá estaría el porvenir sonriente y halagador, la civilización, ese monstruo implacable al que su honor se rinden todas las vidas, víctimas propicias para el holocausto cruel de ese pasaje que se llama vida. eso no lo sabía, pero allí tendría su elemnto, los claustros, los maestros y hasta la misma gente le sería familiar mas no agradable.

¿Ya nacía el espíritu del artista? No lo sabía pero ahora también necesitaba amplitud libertad para sus sentimientossi la había venido buscando y ¿la encontraría? quizás allí estaban París, milán; había que ir

La sed de arte era cada vez más inmensa, no comparaba raciocinio alguno quería destrozarse ¿acaso le había poseído el genio, la locura o ese estado delirante en el que trnscurren sus días aquellos que aman, aquellos abrazados a la verdad, aquellos quijotes? ¿No habían sido así Rodin, Schubert, Beethoven, Miguel Angel, Dante? Y aún ahora mismo, junto con ellos, otros y otros; inéditos, desesperados, todos con sus tragedias en la comedia de la vida.

¿Sería esa la sublime interpretación de la existencia, de los sentimientos humanos, de la belleza o el póstumo homenaje al poder que nos creó y como a nosotros, a todas las cosas? Pero antes de saberlo llega el último momento, más frío aún; como un presagio de lo que será nuestro lecho último, allí donde quedan apagados nuestros latidos para siempre.